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Con gran publicidad se anunció el
descubrimiento de un papiro de lo que llamaron el “evangelio de Judas”.
Hay sospechosa coincidencia entre el
publicitado descubrimiento y el lanzamiento el próximo mayo de la película “el
código Da Vinci”.
Dicen los que saben que se trata de uno
más de los papiros escritos por miembros de una de las sectas gnósticas, los
que saben se lo atribuyen a los cainitas, secta que mezclaba elementos de las
religiones babilonias, egipcias, griegas y sirias que incorporaron algunos
temas del cristianismo y del judaísmo. Algunas hasta intentaron convertir en
héroe al bíblico Caín, aquel que asesinó a su hermano.
El
oportuno descubrimiento del papiro que habla de Judas, Joaquín, encaja con esa
tendencia moderna a ver con simpatía al pobre Judas. Recordemos lo que cantaba
el personaje de Judas en Jesucristo Superestrella: “no tengo pensamiento
propio, no vine aquí por mi voluntad”. Un intento de ver a Judas como víctima y
no como autor de una traición divina.
Parte del relativismo moderno, para el que
nada puede ser malo. Para tranquilidad de estas almas compasivas, les recuerdo
que el Juan Pablo II sostuvo que nada en las palabras de Jesús habla de una
condenación eterna de Judas.
Como sea, nadie debe cimbrarse por el mal
llamado evangelio de Judas.
Primero, porque no es evangelio. Segundo,
porque se habla de Judas, pero no lo escribió Judas. Entre la traición y su
suicidio, Joaquín, ¿a qué hora pudo escribir Judas las 28 páginas del papiro?
Ni con un curso de escritura rápida, Joaquín.
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