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Se ha dicho que es inminente la
extradición de Jean Succar Kuri, acusado de pederastia.
El nombre de Succar Kuri, Joaquín, está
vinculado al escándalo de las conversaciones entre el gobernador de Puebla
Mario Marín y el empresario Kamel Nacif y a la persecución de que se hizo
víctima a la escritora Lydia Cacho.
La presentación de Jean Succar Kuri debe
servir para investigar la pederastia en México, no las charlas telefónicas.
Porque en aras de la solidaridad con la
escritora Lydia Cacho, se han movilizado fuerzas políticas, con la
participación entusiasta de los partidos.
Pero el caso de Jean Succar Kuri tiene que
ser visto más allá de las banalidades de la política electoral, Joaquín.
Debe aprovecharse su presentación ante la
justicia mexicana para hacer una investigación a fondo, concienzuda y
responsable de las redes de pederastia que operan en la República.
Esa es la tarea, no centrarse en los
alegatos políticos, sino en hacer una investigación de quienes cometen ese
abominable delito contra los niños, una investigación que permita protegerlos.
Si es repugnante la violación de una
mujer, más repugnante es la pederastia, porque las víctimas son niños y niñas,
los más indefensos de la sociedad. Protegerlos, y no las banalidades políticas
debe ser la preocupación de toda la sociedad, Joaquín.
Para poder decir con el poeta libanés
Kahil Gibrán aquello de: protegedme de la sabiduría que no llora, de la
filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños.
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