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Hay un asunto que para muchos es un
incidente menor.
Me refiero a la aprehensión de dos
reporteros del diario “La Crónica” por gestiones de un diputado perredista
quien les tendió una trampa en complicidad con la policía y con la procuraduría
del DF.
Es por la línea de “La Crónica”, nos
dicen. ¿Qué? Creo, Joaquín, que “La Crónica”, como cualquiera otro medio, está
en todo su derecho de mantener una línea editorial.
Es una línea que sin duda molesta al PRD,
al gobierno del DF y al equipo de López Obrador, porque es machacantemente
crítica. Puede no gustar, pero nadie puede impedirle ejercer su derecho a
criticar.
Van a investigar, dicen, pero ahí queda el
hecho como un perverso salto al pasado, la arbitrariedad de un diputado, a cuyo
servicio se pusieron las instancias de procuración de justicia de la ciudad de
México.
Insisto, pienso que a veces “La Crónica”
exagera su línea contra el PRD y López Obrador. Pero no pueden juzgarlo las
autoridades, sólo sus lectores pueden hacerlo.
Preocupa el silencio de algunos medios. No
es un incidente menor, porque se trata de la fabricación de delitos contra dos
reporteros. Es más que síntoma de intolerancia. Es una amenaza a todos los
medios. Lástima que algunos no lo crean.
El silencio de tantos recuerda aquella
historia de la segunda guerra mundial:
“...vinieron por el judío, y nadie dijo
nada; vinieron por el socialista y nadie dijo nada; vinieron por el católico, y
nadie dijo nada, y cuando vinieron por mí, nadie dijo nada”.
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