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Anuncia Pemex el descubrimiento de un
nuevo yacimiento petrolero. En aguas profundas del Golfo de México, a 100
kilómetros de Coatzacoalcos.
Calculan reponer así la creciente baja en
la producción del mejor manto petrolero actual, el de Cantarell.
Esta buena noticia, sin embargo, ha
provocado desacuerdos y críticas, tan usuales en esta desaforada época
electoral.
Sería irresponsable no explotar los
yacimientos en aguas profundas, ha dicho el director de Pemex Luis Ramírez
Corzo.
Para perforar en el nuevo yacimiento,
Joaquín, se tendrá que contratar a una empresa extranjera que tenga la
tecnología para hacerlo. Y saldrá caro.
Le saldría menos caro al país y a Pemex
hacer una alianza estratégica con empresas extranjeras; pero no puede hacerlo.
No lo dejan los mezquinos intereses de los partidos políticos.
Una
alianza estratégica es aquella en que dos empresas unen sus respectivas ventajas
comerciales y empresariales para beneficio mutuo.
Sólo la ignorancia o la perversidad pueden
calificar a una alianza estratégica como una privatización.
Con la frasecita de no a la privatización
se engaña a la opinión pública; la frasecita de no a la privatización es un
cuento de quienes dicen no dormir por defender la soberanía de la Nación sobre
sus recursos.
Mentira, ese cuento es sólo parte del
discurso basura que tanto se repite en esta desaforada época electoral.
Que no nos cuenten, Joaquín, el discurso
basura no es sobre un proyecto de Nación. Al final el discurso basura es sobre
un proyecto de elección, un proyecto para
satisfacer desaforadas ambiciones de poder.
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