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Nos ocurre, Joaquín, que cuando se discute
el Presupuesto del gobierno federal, nos quedamos con las declaraciones, las
descalificaciones y los fuegos artificiales de los diputados. Y no nos damos
cuenta de la trascendencia de lo que aprueban.
¿Por qué este sermón, Joaquín? Por una
nota que publica el New York Times.
Cuenta la historia de Amalia Romano y sus
amigos que recorrieron las calles de Brooklyn pidiendo dinero.
El hermano de Amalia, José Luis, fue
asesinado en la calle para robarle 10 dólares.
Pero no hubo tiempo para duelo. Había que
enviar el cadáver a México.
¿Y por qué a México? Porque en Nueva York
un funeral cuesta cuando menos 10 mil dólares. Repatriarlo a México cuesta 3
mil dólares.
Como José Luis Romano, Joaquín, los
migrantes mueren muy jóvenes, el promedio es entre los 20 y los 40 años. El
resultado de largas jornadas de trabajo, bajos salarios y ninguna seguridad
social.
El año pasado, el número de mexicanos que
regresaron en ataúdes a México fue de 9 mil. Mientras, Joaquín, los diputados
recortaron a la mitad el presupuesto la ayuda que da el gobierno mexicano para
repatriar los cadáveres de los migrantes que mueren en el extranjero.
La austeridad republicana de los recortes
presupuestales hizo a Amalia Romano pasar la vergüenza de pedir limosna.
Al menos el dinero recolectado en Brooklyn
alcanzó para repatriar a José Luis Romano, para enterrarlo en su pueblo,
mientras una radio grabadora tocaba su canción favorita: Amor Eterno.
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