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Este mes se reunirá en Cancún el
Presidente Vicente Fox con el mandatario norteamericano George Bush y Steven
Harper, el primer ministro de Canadá.
Y, como siempre ocurre en la víspera de
estas reuniones, el Departamento de Estado le ha dedicado un capítulo de 28
páginas a la situación de los derechos humanos en México.
Detalla lo que considera fracasos del
gobierno foxista. Critica la impunidad, la tortura y la corrupción judicial,
así como la complicidad de policías con la delincuencia.
Se
escandaliza Washington por las amenazas a periodistas y critica la autocensura.
Nada que los mexicanos no sepamos o que
los mexicanos no lamentemos que ocurra.
Curiosa solidaridad de Washington con
periodistas mexicanos.
Curiosa, porque allá en Estados Unidos el
gobierno de Bush quiere bloquear todas las filtraciones, informaciones
extraoficiales que forman parte del juego político de Washington.
Van a prohibir a los funcionarios hablar
con los periodistas a menos que sea conferencia de prensa.
Anuncian que llevarán a los tribunales a
periodistas que difundan filtraciones, según dijo Richard Goss, director de la
CIA.
Están tan decididos, Joaquín, que amenazan
con acusar de espionaje a los periodistas, apoyados en una vieja ley expedida
en 1917, en tiempos de la Primera Guerra Mundial.
O sea, que como siempre, Washington ve la
paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Con razón el editor del New York Times,
Bill Keller, ha dicho que el gobierno de Washington declara la guerra en
territorio norteamericano a los valores que sostiene en el exterior.
Ese, Joaquín, debería ser también un tema
de la reunión de Cancún.
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