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A raíz del accidente en la mina pasta de
Conchos, en Coahuila, accidente donde perecieron 65 mineros, se comentó en este
tu espacio que el caso, pese a ser una terrible tragedia, era inevitable que se
explotara políticamente. Es un bombón, comentamos.
El primer efecto ha sido el reconocimiento
de la terrible situación en que viven y trabajan los mineros de México.
Y, por supuesto, la criminal indiferencia
de su liderazgo sindical.
Aún
siendo muy generosos, lo menos que se puede decir del comportamiento de
Napoleón Gómez Urrutia es de ser irresponsable. Eso, si las investigaciones de
la PGR y Hacienda no muestran además que los dineros tan difícilmente ganados
por los mineros pudieron parar en el bolsillo de quien fuera su líder.
Los hechos deberían llevar a una condena
generalizada de la opinión pública.
Pues
resulta que la condena no es tan generalizada. Muchos de los llamados sindicatos
independientes, incluida la central de la Unión Nacional de Trabajadores que
encabeza Francisco Hernández Juárez, han dado su apoyo público a Gómez Urrutia
en su litigio con el gobierno federal y con la ley.
No importan los presuntos malos manejos o
la irresponsabilidad para defender a los mineros.
Lo que importa es que Gómez Urrutia está
enfrentado al gobierno actual.
Eso, desde la perspectiva de los
apoyadores, exculpa a Gómez Urrutia hasta de eventuales delitos que pudiera
haber cometido.
Esa es la patética receta de nuestra
política.
Pásate a la oposición y todas tus culpas
serán olvidadas.
Como
decía el clásico, por eso estamos como estamos.
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