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Con los días ensombrecidos por la tragedia
minera, suculento platillo para los políticos, Joaquín.
Con
el escándalo del gobernador de Puebla Mario Marín y el empresario Kamel Nacif,
que empieza a tener efectos colaterales en las campañas por la Presidencia, y
no sólo en la del PRI.
Con esos temas, Joaquín, pasó inadvertido
el significado del desayuno de Roberto Madrazo y el gobernador de Sonora Eduardo
Bours.
No se entendió el verdadero significado
del comunicado del gobierno de Sonora, comunicado que después de la reunión
Madrazo-Bours dijo que se había acordado que la designación de los candidatos a
diputados la harán los comités locales sonorenses.
Todo se quedó en las interpretaciones del
momento, que si hubo foto, que si funcionó la operación cicatriz. Y se perdió
de vista lo más importante, Joaquín.
Lo más importante es que a lo largo del
actual sexenio el desmesurado aumento del poder de los gobernadores de los
Estados, sin importar el partido al cual pertenezcan.
El
hecho es que Madrazo, para contar con el apoyo del PRI de Sonora, tuvo que
dejarle al gobernador Bours que escoja los candidatos.
Así, el Comité Ejecutivo Nacional del PRI
pierde fuerza, pierde poder político y esa fuerza y ese poder, para bien o para
mal, se traslada a los gobernadores. Ellos, los gobernadores priístas, se
convierten poco a poco en el verdadero poder en su partido.
Por ahora, eso ocurre sólo en el PRI,
porque es el partido que perdió la brújula cuando perdió la Presidencia.
Después, ya veremos, Joaquín.
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