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En el PRI han dejado atrás aquella frase
tan trillada de “Houston, tenemos un problema”.
En el PRI tienen ya muchos problemas,
Joaquín.
La verdad es que a veces parecen
demasiados.
El caso Montiel, el caso de Mario Marín,
los líos para integrar las listas de candidatos a diputados y senadores, el
coqueteo de algunos gobernadores con el candidato presidencial panista y, por
supuesto, la dramática retirada del joven Bernardo de la Garza.
Más
los que se acumulen esta semana.
Con
razón tantos priístas se sienten acosados, acosados por los otros candidatos
presidenciales y acosados por el gobierno del presidente Fox. Y hasta acosados
por los medios.
Las
encuestas muestran que a pesar de todo ese acoso, Joaquín, el PRI no se ha
desplomado como tantos suponen que debería haber ocurrido.
El
PRI, insisten los expertos en política, tiene la más grande estructura
nacional. Y ese es el problema, es tan grande que hay muchos intereses por
reconciliar y conciliar.
Su
tamaño explica los problemas.
Y, por supuesto, Joaquín, la falta de una
autoridad superior que les facilite procesar las diferencias.
Nunca se insistirá demasiado, Joaquín, que al
PRI le hace falta una autoridad política similar a la que ejercía el Presidente
de la República.
No
han conseguido reemplazarla.
Las
siguientes ocho semanas serán cruciales. Se juegan no sólo la elección, quizá
se juegan la existencia como partido.
Los
dinosaurios evolucionaron, aprendieron a volar.
¿Aprenderá
a volar el PRI?
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