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Ya ha emitido el Instituto Federal
Electoral las reglas a que deberán sujetarse todos los funcionarios públicos
durante la campaña presidencial.
Como ya lo dije en este tu espacio, Joaquín,
pienso que no debiera haber restricciones en cuanto a las tareas de
proselitismo de partido.
Las
reglas rigurosas deben impedir sólo que se empleen recursos públicos a favor de
algún candidato o partido.
Porque las reglas dadas a conocer por el IFE
sólo reflejan la paranoia que cunde en tiempos de campaña.
Y
en tiempos de campaña, Joaquín, todos los partidos, todos los candidatos y a
veces hasta los funcionarios, se contagian de esa paranoia.
A
todos les da por ver violaciones a la ley en todo lo que hacen sus adversarios.
Nada es legal, sólo lo que hacen los nuestros.
No
hay grises, sólo blanco y negro, sólo buenos y malos.
Es
la cultura del sospechosísimo, como dijera un clásico, porque al final de
cuentas las reclamaciones de equidad sólo enredan más las reglas electorales.
Por
ese sospechosísimo tenemos una de las leyes electorales más enredada y compleja
del mundo.
Por
eso la democracia es tan cara, Joaquín. Porque los candados, después de todo,
aumentan el costo.
Por
ejemplo, el padrón electoral tan detallado, actualizado, o una papelería
electoral con tantas medidas de seguridad que parecen visas al Primer Mundo.
La
desconfianza ha creado ahora más reglas, Joaquín.
Reglas electorales para las reglas
electorales. Y así nos seguiremos hasta el infinito.
No
cabe duda, Joaquín, no tenemos remedio.
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