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Atitalaquia es una pequeña comunidad
cercana a Tula, Hidalgo.
El violento desalojo de los simpatizantes
panistas que ocupaban ilegalmente el palacio municipal desde hace un mes no es
un incidente más.
Hubo inconformidad por las elecciones de
alcalde, se apeló al Tribunal Federal Electoral y el tribunal dictaminó que el
ganador había sido el candidato del PRI.
No es un incidente más, porque es la
primera ocasión que hay protestas violentas contra un fallo del Tribunal
Federal Electoral.
Sorprende y preocupa que el Comité
Ejecutivo Nacional del PAN no haya actuado y no haya dicho a su candidato y
simpatizantes que las decisiones del Tribunal Federal Electoral tienen que ser
respetadas.
Que no les haya dicho que todos los
partidos están obligados a respetar al Trife.
Preocupa, insisto, porque es la primera
vez que la violencia política desafía un fallo del Trife. Y no debe cundir el
mal ejemplo.
El PAN tiene la responsabilidad de
controlar las mezquinas ambiciones de su candidato a la alcaldía de Atitalaquia
y de sus simpatizantes.
No debe permitir que Atitalaquia sea
ejemplo; sería el peor de los ejemplos.
Recordemos que el Trife es el único que
califica la validez de la elección presidencial y es único facultado para
declarar quién ganó la Presidencia de la República.
Es una institución que todos debemos
cuidar, porque garantiza la paz social y la resolución pacífica de los
inevitables conflictos políticos.
Esa, Joaquín, es la democracia: Lo otro,
la violencia política y callejera es imponer la ley de la selva. No es
democracia.
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