|
Tu auditorio recordará que la semana
pasada se comentó en este tu espacio sobre la advertencia hecha en Davos a
México. Se les va el tren de la modernidad, es la última llamada.
Y
se citó a un alto funcionario de Brasil que opinó que las divisiones políticas
e ideológicas tienen demasiado peso en México.
Y
pensé, Joaquín, cuánta razón tiene, al escuchar el debate sobre laicismo entre
el Secretario de Gobernación Carlos Abascal y el escritor Carlos Monsivaís.
Asombroso, Joaquín, que se apasionen aún los
medios de comunicación por la laicidad del Estado Mexicano.
Asombroso, porque más allá de las élites,
para la mayoría de los mexicanos la separación Iglesia-Estado es racional y
razonable. Hasta la mayoría de los ministros religiosos creen en aquello de “al
César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios”.
Patético que las élites de la sociedad
mexicana, políticos, intelectuales y co"municadores metan a la sociedad en un
debate inútil, porque el tema del asunto laico se resolvió en México hace 150
años.
Enredadas en una discusión inútil, las
élites ignoran la advertencia de Davos.
Mientras pasa el tren de la modernidad,
peleamos las batallas del siglo 19 en pleno siglo 21.
Las
obsesiones políticas e ideológicas de las élites mexicanas no ven hacia el
futuro, como lo hacen las sociedades modernas.
Mientras las naciones que avanzan discuten el
futuro, las élites mexicanas, Joaquín, creen que el futuro se puede ver en el
espejo retrovisor.
Y
eso, para México, es una tragedia.
|