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Hoy
se cumplen, Joaquín, los primeros ocho días de campaña de los candidatos
presidenciales.
Es
natural que no hayamos visto los intensos debates, los insultos y reclamaciones
tan esperados y temidos. Las campañas apenas empiezan.
Yo
veo, Joaquín, a un Andrés López Obrador con discurso más moderado, intentando
saber cuánto han avanzado sus redes ciudadanas y ocupado en imponer el orden en
el caótico PRD, mientras resiste el acoso de cientos de oportunistas.
A
un Felipe Calderón afanado en poner en marcha su campaña publicitaria y
preocupado por mantener su distancia de un gobierno que se va y de no
contaminarse de los escándalos del foxismo. A un Calderón muy optimista, pero
consciente de que todavía le falta mucho por hacer.
A un
Roberto Madrazo con una incipiente equipo de campaña, un equipo en el cual
muchos se comportan como si en la elección no se jugara la existencia del PRI y
se dedican a golpearse unos a otros. A un Madrazo que todavía no tiene un
equipo que aproveche bien la maquinaria del partido.
Y
veo, Joaquín, a tres candidatos presidenciales en busca del mensaje que cale en
los votantes.
Ninguno de los tres ha encontrado el lema de
campaña que movilice a su favor a los millones sin partido que decidirán la
elección.
Vamos, Joaquín, ninguno tiene una frase como
aquella de Fox: “vamos a sacar al PRI de Los Pinos”.
El
que encuentre esa frase, esa idea central de su campaña, pienso, Joaquín, que
podría ser el próximo Presidente de México.
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