|
En el Foro Económico de Davos, Joaquín,
han advertido que el próximo sexenio podría ser para México la última llamada
del tren de la modernidad.
Brutalmente francas las opiniones de
algunos expertos, según las opiniones recogidas en un cable de la agencia
Notimex.
“El tren de la modernización está pasando
ahora, y los mexicanos no quieren darse cuenta que el tren quizá no vuelva a
parar en décadas, dijo un financiero francés, el costo puede ser muy alto, pues
es la diferencia entre jugar en la primera división o no, de mejor calidad de
vida para millones de personas o de profundizar los problemas sociales”.
Si, como nos advierten, el próximo
gobierno estará en una encrucijada, me pregunto por qué no discutimos cómo no
quedarnos rezagados.
Al menos así nos ven desde el extranjero.
Como un país donde todo lo oscurecen las confrontaciones políticas.
Hace poco se dijo en este tu espacio que
en México hemos puesto en primer lugar a la ideología y después el interés
nacional.
Así lo dijo un alto funcionario brasileño,
quien reconoce que en Brasil también tienen divisiones políticas e ideológicas,
pero que en México tienen un peso desmedido.
En Brasil, aseguró, tenemos ese problema,
y hasta peores, pero creo que primero ponemos la bandera nacional.
Aquí no, Joaquín, primero la ideología.
Parte el tren de la modernización y se
lleva no sólo las esperanzas de modernidad, sino las soluciones a la pobreza y
la desigualdad.
Y, mientras, nosotros, Joaquín, ebrios de
democracia, discutimos banalidades.
¡Qué ceguera, Joaquín!
|