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En 1988, el entonces líder del sindicato
petrolero, Joaquín Hernández Galicia, pronunció un discurso desafiante,
retador, ante el Presidente de la República Miguel de la Madrid.
Presionado por el gobierno, Hernández
Galicia, “La Quina” respondió con una frase que mostraba que ya creía ser más
poderoso que el gobierno de la República.
Le
dijo a De la Madrid, palabras más, palabras menos, que si se hundía el
sindicato petrolero, se hundía el gobierno.
Apenas llegó a la Presidencia de la República
Carlos Salinas de Gortari, el imperio de “La Quina” se derrumbó.
Se probó que nadie puede ser más poderoso
que el gobierno de la República, que el Estado Mexicano.
Algo así pasó con el grupo de René Bejarano y
Dolores Padierna desafiaron al poder político del Distrito Federal y al
candidato presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador.
Quisieron ser el poder tras el trono, apoyados
en la poderosa red de agrupaciones que controlan en la ciudad de México.
Olvidaron que su poder creció porque se los permitió el gobierno del Distrito
Federal.
Así
de simple. Y ahora, cuando a pesar del desprestigio de Bejarano por el caso
Carlos Ahumada, quiso imponerle candidatos al PRD, descubre que su fuerza
política tiene límites.
El
PRD y López Obrador lo han frenado, pensando quizá que si ganan la Presidencia
de la República la arrogancia del grupo de Bejarano desafiaría al poder del
Estado.
López Obrador, como el viejo adagio mexicano,
se ha dicho más vale una vez colorado que no cien descoloridos.
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