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Este año ha sido declarado por el gobierno
del Presidente Fox el año del bicentenario de Don Benito Juárez.
Figura fundamental para entender el México moderno.
También causa de polémicas entre tantos que
hoy todavía pelean las guerras civiles del siglo 19.
Juárez no fue santo, no fue demonio. Fue,
como todos los hombres del poder, una figura de claroscuros, a quien ni sus
detractores le niegan su rol fundamental para la República.
Juárez, después de que el primer medio siglo
de vida independiente de México transcurrió entre asonadas, guerras civiles e
invasiones extranjeras, probó que si era posible darle gobernabilidad a la
República.
De ese Juárez habla una biografía que editó la
SEP bajo el cuidado de la comisión de libros de texto gratuito. La biografía se
entregará a 28 millones de niños y jóvenes estudiantes.
Les
será útil para conocer nuestra historia, pero también para que todos escuchemos
atentamente las palabras que escribe la historiadora Josefina Zoraida Vázquez:
“...Juárez fue el hombre que el país
necesitaba en momentos cruciales. Por eso hoy que vivimos tantos desórdenes y
crisis, su vida resulta una buena inspiración para retomar el camino...”
Sabias palabras, Joaquín. Juárez ya tiene su
lugar en la historia. Aceptémoslo y de paso reconciliémonos con tantas otras
figuras de nuestra historia, algunas tan satanizadas, como Iturbide y Porfirio
Díaz.
Si
no nos reconciliamos con nuestra historia, no nos reconciliaremos entre
nosotros.
Y
entonces, Joaquín, no tendremos remedio como Nación.
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