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Es posible, Joaquín, que tenga razón el
periodista José Carreño Carlón cuando concluye que la nota del asesinato del
mexicano Guillermo Martínez a manos de un agente de la patrulla fronteriza de
Estados Unidos haya recibido una gran cobertura en los medios por la sequía
informativa que suele presentarse al final de cada año.
Ya se acallaron las indignadas
reclamaciones de sectores políticos, empresariales y hasta eclesiásticos de
México.
El asunto ahora ya casi desapareció del
radar de los medios informativos, quizá porque ya empezó a acabarse la sequía
informativa.
Además, ya hay otro tema en política
exterior: el diferendo con Evo Morales.
Sin
embargo, Joaquín, la PGR ha anunciado que se ha abierto una investigación para
determinar si el asesinado Guillermo Martínez y el hermano que le acompañaba se
dedicaban al tráfico de personas, vamos, quieren averiguar si eran polleros.
Se supone que se investigarían las
circunstancias del asesinato. ¿Qué objetivo tiene la PGR al intentar averiguar
si el muerto era pollero?
¿Qué importa eso? ¿Y qué si fueran
polleros, Joaquín? ¿Acaso eso justificaría el asesinato?
La PGR da la impresión que su
investigación busca respaldar la coartada de la patrulla fronteriza.
Posiblemente con eso confía el gobierno
mexicano en desactivar un foco de conflicto con Estados Unidos, pues el
asesinato se sumó a la indignación provocada por el proyecto del muro
fronterizo.
¿Y
el muerto? Pues una cruz más en la frontera entre México y Estados Unidos. Una
cruz más. Y a otra cosa, mariposa, como dijo un clásico.
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