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Cómo se equivoca uno, Joaquín.
Y confieso que estaba equivocado al
abordar el tema de la ya famosa tregua navideña.
Creí que era muy sencillo su
planteamiento: no hacer proselitismo ni propaganda.
Pero en estos días ha habido tantas
declaraciones y supuestas precisiones de los consejeros del IFE que, la verdad,
Joaquín, confieso que ya me hice bolas.
Y tal parece que no soy el único, pues
hasta el IFE dice que hoy entregará un comunicado con las reglas de la tregua
navideña.
Una explicación más de lo que han
explicado tanto estos días y no han sido capaces de aclarar los consejeros
electorales.
¿Por qué cuando decretaron la tregua los
consejeros del IFE no expusieron con claridad las reglas?
¿Por qué no hacer una especie de decálogo
de la tregua?
Han tenido que aclarar tanto, Joaquín. Se
aclara cuando algo no está claro.
No es sano para la sociedad, para los
partidos y sus candidatos presidenciales, y menos sano para el IFE que se
establezcan reglas que tienen que ser explicadas todos los días.
Al menos a mí ya me quedó algo muy claro.
Me equivoqué cuando invité a leer el diccionario.
Hicieron falta reglas sencillas, tan
sencillas que todo mundo supiera qué hacer y qué no hacer durante la tregua
navideña.
Me equivoqué, Joaquín, ni los consejeros
del IFE tenían claro cuáles eran esas reglas.
Al no explicar desde el principio las
reglas, se arriesgan a que cualquier sanción la eche abajo el Tribunal Federal
Electoral.
Se actuó con precipitación y se arriesgó
innecesariamente la credibilidad del IFE.
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