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Hay dos movimientos, muy organizados, que
se dejan sentir en Guerrero y Nayarit, contra las hidroeléctricas La Parota y
el Cajón.
Ha surgido una oposición sospechosamente
organizada, muy organizada, tan organizada como en su momento llegó a estar
organizada la oposición de los ejidatarios de San Salvador Atenco a la
construcción del nuevo aeropuerto para la ciudad de México.
En el caso de la hidroeléctrica de La
Parota, Joaquín, en el enfrentamiento entre partidarios y opositores del
proyecto ya ocurrieron incidentes sangrientos.
Las expropiaciones, por supuesto, siempre
son conflictivas, especialmente por el especial arraigo a la tierra que forma
parte de la idiosincrasia de muchas comunidades.
Cualquier proceso de expropiación es
terreno fértil para la agitación política. Y todo indica que en La Parota y en
el Cajón actúan agitadores profesionales, con el respaldo de grupos políticos
de la ciudad de México.
Estos dos casos son una señal de alerta,
Joaquín, porque más allá de los discursos y las declaraciones, hasta más allá
de los escándalos en la campaña por la Presidencia que tanto nos entretienen,
hay quienes fomentan, alientan y aprovechan el descontento en muchas
comunidades atrasadas de la República.
Es en estos casos cuando uno recuerda
frases como la de don Jesús Reyes Heroles: no despierten al México bronco.
Ese despertar, Joaquín, históricamente ha
sido muy violento.
Quienes intentan despertarlo, Joaquín,
están seguros de controlar esa violencia.
Se equivocan, Joaquín, cuando el México
bronco despierta, se sabe como empieza todo, pero nunca se sabe como terminará.
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