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La Presidencia, los candidatos y los
partidos, además de innumerables declarantes, han protestado escandalizadas,
algunas hasta horrorizadas, al darse a conocer la cifra de los topes de campaña
para cada candidato presidencial.
Son un insulto los 651 millones de pesos
que el IFE asigna a cada candidato presidencial, reclaman muchos arrebatados
por sacrosanta indignación.
Ya explicó el consejero presidente del IFE
Luis Carlos Ugalde que se arribó a la cifra de 651 millones de acuerdo a la
fórmula que se aprobó hace once años, cuando todos los partidos votaron
unánimemente por la reforma electoral de 1996.
Nadie cuestionó esa parte de la reforma
electoral que le quitó al gobierno el control de la organización, supervisión y
evaluación de las elecciones. Nadie cuestionó hace once años la fórmula para
fijar los topes de campaña, la misma fórmula que ahora aplica el IFE.
Es muy atractivo el discurso de austeridad
en las campañas, pero no es realista.
No es realista, Joaquín, porque las reglas
para el próximo 2 de julio serán las mismas de 2000, porque ningún partido
quiso cambiar la ley electoral.
Los
cambios eran modestos, lejos de la profundidad y trascendencia de aquella
reforma electoral de 1996.
Pero los partidos no quisieron hacer cambios.
Y no cambiaron la fórmula para el financiamiento público de las campañas.
Vamos pues a las elecciones presidenciales con
las mismas reglas de 2000, incluido el financiamiento público, porque todos los
partidos, sin excepción, así lo quisieron.
Entonces, Joaquín, ¿de dónde sale tanta
indignación?
Hipocresía pura, Joaquín, hipocresía pura.
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