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Ya empezaron las escaramuzas de lo que
será una larga batalla durante siete largos meses, Joaquín, la batalla por la
Presidencia.
Pero hay algo para lo que posiblemente
ninguno de los contendientes está preparado.
Antes, los Presidente de la República
permanecían al margen de las campañas. Intervenían sólo cuando había problemas.
Y procuraban que su intervención fuera muy discreta.
Aquí no estamos acostumbrados a que el
Presidente de la República se convierta en activista electoral y haga campaña
por su partido y por el candidato de su partido.
Y no está mal, Joaquín, en todo el mundo
los jefes de gobierno y Estado hacen campaña por los candidatos de su partido.
Sólo que, como digo, no estamos acostumbrados.
Aunque hasta ahora el Presidente Fox no ha dado nombres, todo mundo sabe a
quienes se refiere cuando menciona al autoritarismo o al populismo.
Andrés Manuel López Obrador y Roberto
Madrazo patalearán si el Presidente Fox abiertamente respalda al PAN y al
candidato presidencial del PAN.
Los ciudadanos nos iremos acostumbrando.
Los que no se acostumbrarán serán los adversarios del Presidente.
Curiosamente, quien tiene que pensar más
el tema es Felipe Calderón.
De alguna manera, si el Presidente Fox se
convierte en activista electoral, Calderón tendrá dificultades para hacer su
propia campaña.
Y
podría hacerse realidad lo que dijo Manuel Espino y desmintieron en Los Pinos,
que mientras el Presidente Fox pregona sus aciertos, el PAN y su candidato
paguen el costo de los errores presidenciales.
Calderón tendría que gritar aquello de “no
me ayudes, compadre”.
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