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Durante muchos años la práctica en todos
los partidos fue, Joaquín, que el candidato a la Presidencia se convertía en el
líder del partido y tenía el control de las actividades de la campaña.
Cuando el PRI tenía candidato
presidencial, éste asumía el control del partido. Quien fungía como presidente
del partido operaba de alguna manera como el puente para el diálogo entre el
candidato y el Presidente de la República.
Al haber ganado la Presidencia de la
República, el PAN debe resolver ese problema. ¿Quién tendrá el control del
partido y el control de la campaña?
Hasta ahora, es cierto, no han sido
importantes las contradicciones entre el equipo del dirigente nacional del PAN
Manuel Espino y el equipo del candidato presidencial Felipe Calderón, pero las
habrá, si no se deciden a reconocer que el líder natural de un partido en
campaña por la Presidencia no es el Presidente Fox, sino el candidato a la
Presidencia de la República.
Y, hasta ahora, no se ha escuchado ni a
Manuel Espino ni a ninguno de sus cercanos reconocer que el líder natural del
partido, hasta el 2 de julio de 2006, tiene que ser Felipe Calderón. Lo tiene
que aceptar la directiva nacional, para evitar una pelea interna.
Deben aceptarlo, porque lo peor que podría
ocurrirle al PAN es que el Presidente PAN le disputara a Felipe Calderón el
control del partido.
Porque en lugar de concentrarse en retener la
Presidencia, el PAN estaría, como suelen decir, quemando la pólvora en
infiernitos.
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