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Estamos tan distraídos con los fuegos
artificiales de las disputas políticas, que no nos hemos dado cuenta que otra
vez la Universidad Nacional Autónoma de México es blanco de la agitación
provocada por los partidos políticos.
Otra vez la UNAM como un botín de partidos
y candidatos y a su alumnado como potenciales peones en el juego de la política
nacional.
Nada nuevo, Joaquín, pero los conflictos
en las universidades son pequeños fuegos que pueden convertirse en incendios.
La rectoría de Juan Ramón de la Fuente ha
respondido con eficacia a las demandas. Pero eso no ha tranquilizado a los
agitadores que trabajan para los partidos y sus candidatos presidenciales.
Porque el objetivo de la agitación en la
UNAM es provocar la intranquilidad y utilizar al alumnado como arietes de
movilizaciones que capitalizarán los partidos y sus candidatos presidenciales.
Es una irresponsabilidad social de los
candidatos y sus partidos, Joaquín, alterar la vida de la UNAM, precisamente
cuando la universidad vive una etapa de indudable excelencia. La agitación
provocará otra vez un peligroso atraso que daña a México.
Pero también es de una enorme deshonestidad
política, Joaquín, porque si los candidatos presidenciales y sus partidos
intentan convertir a la UNAM en un nuevo foco de agitación callejera y en campo
de batalla, ¿con qué cara esos partidos y esos candidatos salen a contarle a
los ciudadanos sus grandes planes para la educación?
Estamos a tiempo, Joaquín, hay que
defender a la universidad, a todas las universidades, porque así, de alguna
manera, se defiende el futuro.
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