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Ayer en tu noticiero, Joaquín, surgió un
tema que a veces parece olvidársenos.
Se nos olvida que el 2 de julio de 2005
también se elige al Congreso, a 128 senadores y a 500 diputados.
En
el pasado, Joaquín, esa elección de alguna manera pasaba inadvertida, no
importaba.
Según se informó anoche en tu noticiero, sólo
el 39 por ciento de los posibles votantes está de acuerdo en que la mayoría del
Congreso debe tenerla el partido al cual pertenezca quien salga elegido
Presidente de la República.
Imagínate, Joaquín, el 61 por ciento de los
posibles votantes no quieren que el nuevo Presidente tenga mayoría en el
Congreso.
Qué curioso, Joaquín, mientras todos nos
desvelamos con encuestas y sondeos, mientras todos sufrimos por adivinar quién
será el Presidente de la República, resulta que la elección que puede ser más
importante, la elección clave es la de diputados y senadores.
Si
persiste esa tendencia, ningún partido tendrá la mayoría y el próximo
presidente de la República tendrá que negociar con el Congreso todas y cada una
de sus iniciativas.
Si
eso ocurre, Joaquín, será muy difícil para quienquiera que sea el Presidente
cumplir todas las promesas de campaña, esas promesas que ahora reparten tan
generosamente.
Ni
modo, porque todo indica que los mexicanos no quieren darle la mayoría en el
Congreso a ningún partido, ni siquiera al partido de quien sea el próximo Presidente
de la República.
Bien decía Porfirio Díaz, es más difícil
gobernar a los mexicanos que arrear guajolotes a caballo.
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