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Periodísticamente, Joaquín, un golpe
estupendo el debate entre Elba Esther Gordillo y Roberto Madrazo.
Políticamente, pues creo que todavía no se
ha disipado lo suficiente la humareda como para contar los muertos y los
heridos.
El tiempo nos dirá cuál será el saldo de
esta confrontación tan largamente pospuesta por Madrazo y la profesora
Gordillo.
Con la agria discusión de ayer, Madrazo
libra la batalla con la profesora antes que empiece la campaña por la
Presidencia. Y obliga a los priístas a definirse. Es un riesgo calculado,
dicen.
Ahora hablan de cancelarle derechos políticos
o expulsar a la señora Gordillo.
Pero la profesora es una política
poderosa, Joaquín, controla al magisterio, tiene un sindicato de burócratas y
hasta su propio partido político. Su expulsión del PRI podría resultar muy
costosa. A eso se atiene. Y está dispuesta a todo.
Sabe que su expulsión podría significar la
fractura definitiva para el PRI. No le importa. ¿Cómo puede querer tanto a su
partido y está dispuesta a todo para que pierda la elección presidencial?
Eso
es esquizofrénico, Joaquín.
Al
PRI el pleito le puede costar otra vez la Presidencia.
A
ella puede costarle la pérdida de poder político.
Ninguno de los dos ha calculado bien las
consecuencias.
Las
consecuencias pueden ser lo que muestra una caricatura publicada hoy. En ella
aparece la profesora Gordillo haciendo estallar explosivos en el PRI, al grito
de ¡volamos todos!
Y vuela el PRI, vuela a Madrazo, pero
también vuela ella.
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