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Ya
está aprobado el presupuesto de egresos del gobierno federal. Eso significa que
durante 2006 el gobierno se gastará un billón 973 mil millones de pesos.
Un
mundo de dinero, nos decimos los ciudadanos de a pie, Joaquín. Sin embargo es
insuficiente para atender todas las demandas y necesidades de la población.
Recortaron en muchas partidas. Le quitaron
dinero al IFE, a la Suprema Corte de Justicia, a la Comisión Nacional de
Derechos Humanos.
Pero hay una inexplicable reducción en el
presupuesto, Joaquín. Los diputados le quitaron 319 millones de pesos al
presupuesto de las universidades públicas estatales.
Las universidades públicas estatales,
Joaquín, necesitan de recursos, recursos que no son un gasto, sino una
inversión en el recurso más valioso que tiene una Nación: sus recursos humanos.
Otra vez, Joaquín, la miopía del Ejecutivo y
del Congreso cierra un poco más las posibilidades de la permeabilidad social.
Las posibilidades de que por la ruta de la educación se empiece a resolver la
desigualdad social.
Se olvidaron el Ejecutivo y el Congreso
que la clave del crecimiento de las economías asiáticas que tanto admiran ha sido
precisamente la educación, no las cacareadas reformas estructurales.
Desde 1940, y durante las tres siguientes
décadas, México se transformó, se industrializó, porque la educación fue
prioritaria.
Se combatió la desigualdad al crear
mediante la educación una sólida clase media.
Con los actuales recortes al presupuesto,
Joaquín, ni el Ejecutivo ni el Congreso pueden presumir que combaten la brutal
desigualdad social.
Con esos recortes, Joaquín, la fomentan.
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