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No se meta conmigo, caballero, porque
saldrá espinado.
Con esa frase volvió a dirigirse el
Presidente de Venezuela Hugo Chávez al Presidente Fox.
Es
un lenguaje, Joaquín, retador, propio de un bravucón de callejón, de cantina.
Desde el principio de este lance era
evidente que no se resolvería por la vía diplomática, como nos lo demostró la
arrogante actitud del embajador venezolano al rechazar la presentación de
disculpas por un insulto al Presidente de México.
Se olvidó, Joaquín, como se dijo en este
tu espacio, se comprueba que los demagogos no tienen memoria.
Cuando se organizó aquel fallido golpe de
Estado contra Hugo Chávez, golpe de Estado que lo mantuvo unas horas fuera del
poder, el primer jefe de Estado que condenó el golpe de Estado y respaldó a
Chávez fue el Presidente Fox.
Ahora, a pesar de los esfuerzos mexicanos
por comportarse civilizadamente, ha sido imposible. Los bárbaros no entienden
un comportamiento civilizado.
Y a menos que Venezuela reconsidere, se
retirará al embajador Loaeza y se irá a Caracas el embajador Villegas, pues la
actitud de Hugo Chávez es intolerable.
Hubiera sido una desvergüenza ignorar su
amenaza al Presidente de México.
Igual me parece vergonzoso que algunos
mexicanos respalden a Hugo Chávez por mezquinas diferencias ideológicas o de
partido.
Debiera avergonzarnos llevar nuestras
diferencias políticas hasta el extremo de exigir que el Estado Mexicano ignore
la amenaza del bravucón presidente de Venezuela.
Esa vergonzosa solidaridad de algunos
mexicanos con Hugo Chávez, Joaquín, muestra lo descompuesto que está nuestro
ambiente político. Podrido, diría yo.
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