|
Seguramente tu auditorio recuerda aquella
historia del hombre que pintaba el piso de su casa. Pintó y pintó y pintó,
hasta que cuando estaba a punto de terminar descubrió que se había quedado
lejos de la puerta. Y estaba atrapado.
Algo así le ocurrió al PRI con su
convocatoria a la elección interna.
De acuerdo a los cálculos iniciales había
dos precandidatos fuertes: Roberto Madrazo y Arturo Montiel. Pero se registró
Everardo Moreno y se le aceptó para darle un barniz más competitivo a una
elección interna en la que había sólo dos candidatos serios.
Pero Montiel se vio obligado a declinar.
Y se quedaron sólo Madrazo y Moreno. Un
peso completo y un peso ligero, muy ligero.
Everardo Moreno, mareado por sus quince
minutos de gloria, se negó a declinar.
Y al PRI no le quedó más salida que llevar
a cabo una inútil elección interna. Inútil porque Everardo Moreno no gana, como
dicen, ni yendo a bailar a Chalma.
Pero no pudieron ya cancelar el proceso. Si lo
hubieran hecho se les hubieran echado encima las impugnaciones ante los
tribunales electorales.
El PRI se quedó arrinconado, sin más
salida que celebrar una inútil elección interna, pues nadie duda ya que el
candidato presidencial del PRI será Roberto Madrazo.
Ni el respeto a sus estatutos le reconocen
al PRI. Les pasa lo que a aquel hombre que un día caminó sobre el agua:
Todos sus adversarios gritaron: caminó sobre
el agua, porque no sabe nadar.
|