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Con el mismo espíritu de los villistas que
gritaban: ¡cartucheras al cañón, quepan o no quepan!, los diputados aprobaron
la ley que otorgó el voto a los mexicanos que viven en el extranjero.
Fue una ley hecha al estilo clásico: sobre
las rodillas.
Ahora quieren que el Instituto Federal
Electoral haga milagros con la defectuosa ley que aprobaron. Prohibieron, por
ejemplo, que los partidos y los candidatos hagan propaganda en el extranjero y no
hallan como dar a conocer a sus candidatos.
El voto de los mexicanos en el extranjero
es la apuesta política más extravagante que han hecho los partidos de México.
Hicieron cuentas alegres. Calcularon que
cuando menos cuatro millones de mexicanos de los casi 10 millones que viven en
Estados Unidos se atropellarían para registrarse y luego para enviar su voto
por correo.
Las cifras de los que se han registrado
hasta ahora, Joaquín, son desilusionantes.
Pero
no es culpa del IFE, es culpa de los partidos que hicieron cuentas alegres.
Así
les pasó a los partidos dominicanos en sus elecciones presidenciales. Calcularon
que si sólo en el área de Nueva York y Nueva Jersey vive más de un millón y
medio de dominicanos, votaría cuando menos un millón. Sólo votaron 30 mil, poco
más del 2 por ciento de los dominicanos que viven en Nueva York y Nueva Jersey.
Ya sólo falta que a la extravagante ley
aprobada por los diputados mexicanos se sume el ridículo de una mínima votación
de mexicanos que viven en el extranjero.
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