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Francia, escribe el diario Le Monde, la
nación que es símbolo de las luchas por la libertad y santuario de los derechos
humanos, de pronto se muestra incapaz de ofrecerle una vida digna a los jóvenes
franceses.
La violencia en Francia, aseguran todos
los diarios franceses, no tiene cabecillas visibles. Simplemente, Joaquín,
estalló el rencor de los jóvenes franceses, los hijos de inmigrantes que están condenados
al desempleo, a una vida sin futuro.
Dice
Le Monde, que hay tal confusión que hasta el lenguaje ha sido traicionado.
Ahora los motines son acciones hostiles, los policías son provocadores, y la
venta callejera de drogas es simplemente economía informal.
Once días de violencia callejera en las
principales ciudades de Francia han tenido como saldo de un muerto, miles de
vehículos incendiados y centenares de locales comerciales, centros comunitarios
y escuelas incendiados.
Y, conste, Francia es una nación rica, una
nación con uno de los sistemas de seguridad social más generosos del mundo.
No ha sido suficiente. En Francia hace
once días estalló el rencor social.
Ese es el riesgo siempre latente cuando en
un país, Joaquín, no hay oportunidades de la movilidad social. La movilidad
social que durante tantos años en México permitió el ascenso en la escala
económica y social.
Ese es el riesgo que en México estamos a
tiempo de conjurar.
Y lo podemos conjurar, Joaquín, si reabrimos
las vías de la movilidad social.
Lo podemos conjurar si conseguimos que la
Nación le ofrezca otra vez un futuro a la juventud mexicana.
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