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Al ganar Felipe Calderón la candidatura
presidencial ha quedado claro, Joaquín, que una elección, en este caso tres
elecciones regionales, no las gana necesariamente aquel aspirante que dispone
de más dinero.
Con
muy poco dinero empezó su campaña, luego de que había sido forzado a renunciar
a la Secretaría de Energía por un injusto regaño del Presidente Fox, quien le
reclamó hacer públicas sus aspiraciones a ser candidato presidencial del PAN.
El
dinero empezó a llegar hasta después de que ganó la primera elección regional,
y fluyó más después de que ganó la segunda, cuando lo vieron ya como un
candidato viable.
Pero nunca tuvo los recursos de que
dispuso, por ejemplo, Santiago Creel.
La otra lección, Joaquín, es que sí ha
cambiado México. Porque Calderón tuvo que enfrentarse al formidable poder de
Los Pinos. Pero aprovechó que el panismo real no ha sentido que gobierna. Se ha
sentido como compañero de viaje del foxismo.
El otro efecto del triunfo de Felipe
Calderón es haber hecho del PAN un contendiente serio para la Presidencia,
cuando todos decían que la elección presidencial se decidiría entre el PRI y el
PRD.
Ya
no irán solos ni Roberto Madrazo ni López Obrador.
Y
tendremos los votantes opciones claras para decidir quien gobernará México a
partir de 2006.
El
gran reto para Felipe Calderón, Joaquín, será mantenerse sereno, no dejarse
llevar por su temperamento.
Porque de ahora en adelante, para él y para
los otros aspirantes a la Presidencia, cualquier error les puede costar la
elección.
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