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Es posible que el poder destructor del
huracán Wilma haya sido una experiencia que debiera provocar que afinemos los
programas de respuesta a estos desastres.
Como sea, es cierto que por ahora lo
urgente es reforzar la vigilancia en toda la zona de desastre, Joaquín, en toda
la zona de desastre, para restablecer un orden que facilite las tareas de ayuda
y rescate.
Sobre todo, de primera mano el Presidente
Fox ya descubrió que hace falta una mayor coordinación entre las tareas de
ayuda de las dependencias federales y las tareas de los gobiernos estatales y
municipales.
Coordinación, Joaquín, es la palabra
clave. Y eso significa un mando central. En lo personal creo que sería mejor
dejar ese mando en manos de los militares, por su capacidad de organización.
Pero luego tendrá que venir la otra
coordinación, tan indispensable como la primera. La coordinación que permita
que Cancún, Cozumel y las poblaciones de la Riviera Maya puedan volver a estar
de pie.
Volver a poner de pie a esa zona tan vital
para la industria turística nacional tiene que ser una tarea prioritaria. No se
puede manejar sólo con medidas dispersas, aisladas.
La creación de Cancún hace 35 años,
Joaquín, fue el resultado de un esfuerzo concertado en el que hubo inversiones
tanto del Estado como del sector privado.
La reconstrucción exigirá un esfuerzo
igualmente concertado, con inversiones del Estado y del sector privado.
Ya pasó el huracán Vilma, Joaquín, ya pasó
la hora de los discursos, llegó la hora de actuar.
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