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Desde hace tiempo, Joaquín, en este tu espacio
se han hecho comentarios sobre la posibilidad de que el escenario del proceso
electoral para 2006 sea muy desordenado.
El
escándalo arrinconó al PRI. Aunque no está muy claro si los grupos priístas se
alinearán detrás de la virtual candidatura presidencial de Roberto Madrazo. Si
no lo hacen, puede haber todavía más desorden, Joaquín.
En el PAN las quejas de Santiago Creel
tienen en un predicamento al Comité Ejecutivo Nacional del PAN. No atinan a
resolverlas sin dañar el proceso interno panista.
En el PRD, bueno, Joaquín, López Obrador
va tranquilo, camina como pateando una lata, como sueles decir tú. Lo
provocador es el discurso, un discurso que no une, divide.
En
este ambiente tan crispado, Joaquín, los intelectuales deberían ser la voz de
la razón.
Tristemente, no es así, Joaquín.
Recientes artículos publicados por miembros de
la intelectualidad académica lo demuestran. Hay quienes, por ejemplo, le
reclaman a Cuauhtémoc Cárdenas no haber convocado a una revuelta social en
1988. Una revuelta social, Joaquín.
Es
una barbaridad reclamarle a Cuauhtémoc Cárdenas que haya preferido la
tranquilidad social de la Nación.
Pero si esos intelectuales académicos
creen que en 1988 debió haber una revuelta social en protesta por el triunfo de
Carlos Salinas, ¿qué harían en el caso de una eventual derrota electoral de
López Obrador?
¿Acaso le exigirían a López Obrador
encabezar una revuelta social?
Cuidado, Joaquín, porque si eso piensan
los que debieran ser la voz de la razón, ¿qué pensarán otros?
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