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El vocero de Los Pinos anunció esta mañana
que “La Presidencia simpatiza con las candidaturas independientes”.
El reto de Jorge Castañeda a las leyes
mexicanas se resuelve cumpliendo la ley, no por simpatías.
Esas simpatías explicarían la débil reacción
oficial al dictamen de la Comisión Internacional de Derechos Humanos que exige
a México registrar provisionalmente la candidatura presidencial de Jorge
Castañeda.
Todos se quieren lavar las manos. No
pueden hacerlo, Joaquín.
Castañeda apela a los tratados
internacionales, pero, según el artículo 133 constitucional, sólo son ley
suprema los tratados que no contradicen a las leyes y a la Constitución
mexicana. Y las candidaturas independientes las contradicen.
Y la Constitución no reconoce las
candidaturas independientes.
Con su habitual ligereza, Jorge Castañeda
dice que sólo hay que cambiar unas líneas a la ley electoral.
Pero también la Constitución dice que cuando
oficialmente está en marcha el proceso electoral no se pueden hacer cambios a
las leyes electorales. Y el proceso electoral oficialmente empezó el pasado 6
de octubre.
El IFE no puede registrar la candidatura
de Castañeda, como sugería ayer Gobernación, porque el IFE no puede violar la
ley.
El Ejecutivo no puede violar la ley
aceptando la resolución de la comisión interamericana. El IFE no puede
registrar a Castañeda, porque violaría la ley. Y el Legislativo no puede
cambiarla antes de las elecciones presidenciales.
El asunto es, Joaquín, que la Constitución
y las leyes no pueden violarse por un capricho de Jorge Castañeda o por las
simpatías presidenciales.
No
entiendo qué tanto lo piensan, Joaquín.
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