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Ayer se nubló todavía más el horizonte
político, con el enconamiento del pleito entre Roberto Madrazo y Arturo
Montiel.
Pero eso, Joaquín, no les importó a las
docenas de miles de personas que se vieron atascadas en enormes
congestionamientos de tránsito, causados por el bloqueo de Calzada de Tlalpan
durante doce horas por miembros del Sindicato del Seguro Social y por los
aguaceros que cayeron durante la tarde noche de ayer.
Docenas de miles de personas abandonadas a
su suerte por las autoridades de policía y tránsito del Distrito Federal.
Y recuerdo otra manifestación hace poco
tiempo. Había una exposición canina en el World Trade Center. Llegaron a
instalarse ambulantes. Los expositores exigieron su retiro. Los ambulantes bloquearon Insurgentes para exigir
que se les dejara instalarse.
Se armó otro congestionamiento. Y la
policía no hacía nada. Sólo veía.
Y un policía, casi en secreto para no ser
escuchado, comentó: esto no pasaba antes, ¿verdad?
Como sea, Joaquín, en este horizonte
nublado, siempre hay algo que ilumina y alienta el optimismo.
Ayer recibió el ingeniero Gilberto Borja
la medalla Belisario Domínguez que entrega el Senado a los mexicanos
distinguidos.
Es el ingeniero Borja un mexicano de
excepción, miembro de la generación de ingenieros que construyeron las grandes
obras del México moderno. Las obras que prueban la falsedad de que en México no
se hizo nada en setenta años.
Ingenieros que son un reproche al
extranjerismo de tantos funcionarios actuales.
La afirmación optimista de que cuando hay
talento y voluntad todo se puede.
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