|
Faltan menos de nueve meses para las
elecciones presidenciales.
Y parece, Joaquín, que el camino estará
sembrado de escándalos, de descalificaciones y de agresiones verbales entre los
candidatos y los partidos.
Porque el bagaje de escándalos y
descalificaciones parece ser inagotable.
Así nos llevarán al 2 de julio de 2006, en
un camino tan salpicado de escándalos, Joaquín, y sobre todo, en un camino
marcado por la violencia verbal.
Violencia verbal en el PAN, cuando Creel
acusa a Calderón de trampas en Yucatán. Y con su sospechosismo envenena al
partido.
Violencia verbal en el PRD cuando López
Obrador divide a los mexicanos en dos bandos. Los buenos están con él, los
malos y corruptos son los que no están con él.
Violencia verbal en el PRI, cuando Arturo
Montiel responsabiliza a Roberto Madrazo por la filtración que le acusó de
malos manejos. Miopes, igual que en 1999, dividen al partido y podrían repetir
su derrota.
Violencia verbal, Joaquín, por todas
partes.
No
es como en 1994, porque como se dijo la semana pasada en este tu espacio, en
1994 había un Presidente fuerte en Los Pinos.
Ahora, en Los Pinos, está un Presidente a
quien también se le da la violencia verbal.
Y, otra vez, Joaquín, hay que recordar
aquel lamento de Octavio Paz en 1994, poco después de los asesinatos políticos:
“…La violencia verbal no es inofensiva, es muy
fácil pasar de la violencia verbal a la violencia física…”
Y
los mexicanos de pie, Joaquín, sólo como espectadores.
|