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Esta mañana, Joaquín, hubo un huracán
político, un huracán cuyas consecuencias aún son difíciles de calcular.
Los otros, los huracanes, como fenómeno de
la naturaleza, tienen consecuencias terribles, como las que ha tenido el
devastador huracán Stan en varios Estados de la República, principalmente en
Chiapas.
Llovió como nunca, nos explican los
especialistas en estos asuntos del clima y los fenómenos meteorológicos.
Los ríos crecieron como nunca, por eso
tanta devastación como nos ha mostrado la televisión.
Los huracanes, como fenómeno natural,
dicen los especialistas y aquellos preocupados por las cuestiones del medio
ambiente, no pueden prevenirse, pero sí pueden atenuarse sus consecuencias.
Ya son muchos los que se preguntan si la
devastación en cuando menos cinco Estados de la República hubiera sido la misma
si no hubiéramos deforestado los bosque y selvas de la República.
No les falta razón, pues hasta ahora ha
sido imposible detener la tala de bosques y selvas.
Ningún gobierno, de ningún signo
ideológico, ha sido capaz de detenerla.
Esta irresponsabilidad, de los traficantes
de madera y de las autoridades nos hacen prever, Joaquín, que futuros huracanes
podrían causas devastación similar, o peor.
Pero a nadie le importa.
En cuanto a los huracanes políticos,
Joaquín, el problema es que son provocados por personas.
El problema de los huracanes políticos,
Joaquín, se parece a las guerras.
Todos sabemos como empiezan, pero nadie
sabe como terminarán.
Por eso pueden ser más devastadores que la
fuerza de la naturaleza.
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