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Hace casi doce años, José María Aznar
perdió por estrecho margen el gobierno de España. Por escaso margen ganó Felipe
González.
La noche de las elecciones un directivo
del Partido Popular insinuó que ese margen podría ser el resultado de
triquiñuelas electorales del Partido Socialista.
Aún no transcurría una hora y salió José
María Aznar a dar una conferencia de prensa en la que reconocía el triunfo de
Felipe González. Con su actitud anuló cualquier posibilidad de que los
españoles desconfiaran de su sistema electoral.
Fe
una demostración de responsabilidad política y democrática.
En
México, Joaquín, desde 1994 las elecciones reflejan razonablemente la voluntad
de los votantes. Desde 1994, Joaquín, los votos cuentan y son contados bien.
Se alcanzó aquel objetivo de sufragio
efectivo.
Pero es muy difícil para los políticos de
hoy aceptar sus derrotas.
Hubo un tiempo en que cuando menos se
respetaba el honor propio, como lo hiciera en 1983 el priísta Luis Fuentes
Molinar en Chihuahua al reconocer al triunfo de Luis H. Alvarez en la capital.
Ahora, Joaquín, muchos políticos parecen
aves de presa, depredadores dispuestos a todo con tal de ganar el poder. Es una
lucha en el lodo.
Mientras, Joaquín, se acumulan los
problemas. Las pensiones, el desempleo, la desigualdad y las mafias del
narcotráfico que como enredadera maligna trepan por toda la estructura
institucional.
Pero eso no les importa a los políticos.
Ganar el poder, es la obsesión. Y cuando
se les pregunta qué harán solo hay palabras, muchas palabras. Responden como
aquel clásico: ya veremos.
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