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Hay acontecimientos que por rutinarios han
dejado de ser noticia.
Por ejemplo, Joaquín, han dejado de ser
noticia las diarias deportaciones de mexicanos y mexicanas que son detenidos
cuando intentan internarse a Estados Unidos o cuando ya están trabajando
ilegalmente en territorio norteamericano.
Pero en esa noticia que ya no lo es
ocurren hechos que las autoridades, también por rutina, ya no consignan y menos
se preocupan por ellos.
Se quejan en las ciudades fronterizas que
algunos de los deportados por el gobierno norteamericano son probados
responsables de delitos sexuales.
Y si uno recuerda que las mujeres
asesinadas en Ciudad Juárez antes de morir han sido víctimas de agresiones
sexuales, se explica la preocupación.
Ese hecho ha sido denunciado por los
medios de comunicación de Ciudad Juárez, pero ha pasado inadvertido, porque hay
otros asuntos que son considerados más importantes, como la reunión de
funcionarios y dirigentes del PRI en la casa de Carlos Salinas.
Las autoridades de migración deberían
cuando menos pedirle a la Secretaría de Relaciones Exteriores que exija al
gobierno de Estados Unidos avisarle al gobierno mexicano cuando quienes son
deportados estén identificados como responsables de delitos sexuales.
Si no se exige, no tendremos derecho a
escandalizarnos porque en Ciudad Juárez o en otras ciudades cercanas a la
frontera ocurran delitos sexuales que terminan en asesinatos.
Esa escoria que nos envían junto con miles
de mexicanos deportados tiene que ser identificada, ya que no podemos hacer
nada para evitar que en el patio trasero echen los norteamericanos su basura
social.
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