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La muerte de Ramón Martín Huerta abre un
gran hueco en la Secretaría de Seguridad Pública para el Presidente Vicente
Fox.
Es cierto que apenas tenía un año en esa
posición, pero también es cierto que se trataba de un funcionario amigo del
Presidente y, por lo tanto, digno de la mayor confianza.
Un funcionario de toda su confianza en un
puesto que exige justamente eso: confianza.
La pérdida de vidas, de nueve vidas,
Joaquín, es sin duda una tragedia. Más no puede nublar el entendimiento ninguna
pena, ningún dolor.
Recordemos que murieron en el accidente
otros altos funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública, con lo que de
alguna manera se descabezó a la dependencia.
Seguramente los subsecretarios y
directores generales, como te declaraba anoche Miguel Angel Yunes, podrán
mantener funcionando a la Secretaría.
Es
posible que por respeto al funcionario y al amigo el Presidente Fox posponga el
nombramiento del sucesor de Ramón Martín Huerta, pero sólo lo debe posponer por
unos días, porque las tareas de la Secretaría de Seguridad Pública son
demasiado importantes para dejarla funcionando con tantas vacantes importantes.
Esa es una de las penosas obligaciones de un
Presidente de la República. Tiene que sobreponerse a cualquier emoción, al
duelo por la muerte de su amigo y proceder a cumplir con su tarea.
Sobre todo, Joaquín, porque aunque según
el Secretario de Gobernación Carlos Abascal todo indica que la caída del
helicóptero fue un accidente, se tendrá que hacer una investigación a fondo.
E
informar de los resultados con veracidad, sin rodeos.
De otra manera se abrirían las puertas a
la especulación. Y, la verdad, Joaquín, lo que menos necesita México ahora es
que se especule sobre la muerte de un miembro del gabinete presidencial.
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