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Uno de los avances en este sexenio,
Joaquín, fue la creación de un mecanismo como el IFAI, que permite a los
ciudadanos obtener información del gobierno.
Una maravilla la transparencia, nos han
dicho en todos los tonos.
Pues será, Joaquín, pero creo que la
transparencia tiene sus límites.
Por ejemplo, hace unos días el IFAI ordenó
a la Secretaría de la Defensa Nacional dar a conocer los planes de defensa, sus
análisis estratégicos y hasta una relación del equipo militar adquirido en
Estados Unidos e Israel.
Con justa razón, Joaquín, la Secretaría de
la Defensa Nacional se rehúsa a cumplir con la decisión. Y el argumento es
impecable:
Los
planes a que se hace referencia son documentos clasificados como totalmente
secretos, como los de cualquier Ejército del mundo, ya que contiene datos que
es imposible proporcionar.
Por supuesto que la Secretaría de la
Defensa Nacional no debe entregar dicha información, Joaquín. Está involucrada
la seguridad nacional.
En principio, Joaquín, me parece una
barbaridad que se hayan siquiera atrevido a pedirle al Ejército esa
información.
Y peor barbaridad que los consejeros del
IFAI se atrevan a ordenarle al Ejército que informe de sus planes militares, de
sus análisis estratégicos.
Aunque no debiera sorprenderme. No hace
mucho, una dependencia del gobierno se negaba a contestar una solicitud de
información. La solicitud la firmaba un tal Winnie Pooh. Pues el IFAI, Joaquín,
obligó a la dependencia a responder la solicitud, aunque la firmara Winnie
Pooh.
Así se las gastan los consejeros del IFAI.
No cabe duda, Joaquín, el mar marea.
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