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El fin de un rito, llamó el Presidente Vicente Fox al estilo
que ayer se impuso en la ceremonia de su Quinto Informe de Gobierno.
Un estilo más sobrio, cuya ventaja, Joaquín, fue que el
Presidente hizo a un lado el tono de sus spots publicitarios y moderó su
actitud.
Tan sobrio, Joaquín, que sorprendió a todos. Tanto, que hasta
tibias fueron las interrupciones.
Es evidente que en Los Pinos decidieron desactivar la
confrontación con el Congreso y adoptaron para el informe presidencial un
estilo muy similar al que utilizan los Presidentes de Estados Unidos en su
mensaje anual a la Nación, una mensaje que también se lee ante el Congreso.
Pero en esos mensajes, Joaquín, los Presidentes de Estados
Unidos suelen hacer un recuento discursivo de lo logrado y le fija objetivos al
Congreso, incluidos los objetivos legislativos.
Los mensajes de los Presidentes norteamericanos suelen ser de
rico contenido expuesto con una retórica excepcional.
El discurso de 42 minutos del Presidente Fox abordó lo logrado
con mucha timidez, y le faltó contundencia para mostrar algún horizonte
legislativo, salvo la reiteración de las famosas y fracasadas reformas
estructurales
El cambio de estilo del informe presidencial, Joaquín, de
cualquier manera es bueno.
Es una pena que el discurso leído por el Presidente fuera tan
deshilvanado. Se notaron demasiadas manos en su redacción.
Allá, en Estados Unidos hay una sola mano conductora para los
discursos.
Aquí, hasta la conducción de la redacción del discurso fue
débil.
De cualquier modo el estilo, parece, llegó para quedarse.
Veremos.
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