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Estamos a ocho días de la ceremonia del quinto informe del
Presidente Fox y desde el gobierno federal se hacen gestiones, cabildeos y
negociaciones con los diputados y senadores para intentar que la ceremonia sea
cuando menos tranquila.
El Secretario de Gobernación Carlos Abascal ha convocado a
todos a la civilidad. Esto es, a que sea una ceremonia en la que haya respeto
entre el Ejecutivo y el Legislativo.
Y se hacen esfuerzos para que el día del informe no haya
escenitas como las que hemos visto en años anteriores, escenitas verdaderamente
vergonzosas que le faltan el respeto a la investidura presidencial y a la
investidura del Congreso.
Se entiende que haya diferencias entre el Presidente Fox y el
Congreso, pero, lo menos que podemos exigirle a los diputados y senadores es un
comportamiento civilizado durante la ceremonia.
Algunos justifican el comportamiento bárbaro de los
legisladores con el pretexto de que tienen que demostrar la autonomía del Poder
Legislativo, que tienen que demostrar que el Congreso no está cometido al
Ejecutivo, como ocurrió en el pasado.
Es una autonomía mal entendida, Joaquín, porque el ser
autónomo no significa necesariamente ser groseros y menos denigrar la dignidad
del Congreso de la Unión.
Como invitado del Congreso, el Presidente está en cierta forma
indefenso, porque el reglamento prohíbe el diálogo entre quien está en la
tribuna y los legisladores.
Y, en cierta forma, es una cobardía interpelarlo, gritarle, a
sabiendas que no puede contestar.
Ojalá, Joaquín, y el próximo uno de septiembre demostrara el
Congreso que está integrado por verdaderos políticos, no por picapleitos
callejeros.
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