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Como todos, Joaquín, soy partidario de la protección a los
niños, pero me llamó la atención una iniciativa aprobada en comisiones en la
Asamblea Legislativa del Distrito Federal.
Es una iniciativa mediante la cual, por ley, los padres de
aquellos menores de edad que trabajen tengan la obligación de guardar en un
fideicomiso o una cuenta a nombre de los menores el 85 por ciento del dinero
que ganen.
Primero, Joaquín, es la muestra de ignorancia de la realidad
nacional.
¿Por qué creen esos diputados de la asamblea legislativa que
trabajan los niños? Pues, Joaquín, porque muchas veces es la única manera para
que los chicos y chicas puedan continuar sus estudios.
Y casi siempre, la necesidad es tanta, que sólo con el poco
dinero que aportan los hijos alcanza para que la familia sobreviva.
Y a veces, ni así, Joaquín.
¿O acaso desconocen los legisladores la precaria situación
económica de millones de familias mexicanas? ¿No saben cuántos millones de
familias viven en la pobreza?
Una cosa es castigar a
los padres que maltratan a sus hijos y causan daños físicos y sicológicos a sus
hijos. Y otra, muy distinta, es que el Estado, el gobierno, pretendan
reglamentar la vida de las familias.
Es una agresión que el Estado pretenda regir la vida interna
de las familias, el espacio más íntimo de los ciudadanos y ciudadanas.
Así, Joaquín, es como empieza a perderse la libertad, porque
de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.
Y de buenas leyes el camino a las dictaduras.
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