|
Tal parece, Joaquín, que por ahora ceden las tensiones con
Estados Unidos. Ojalá.
Pero lo ocurrido es apenas un episodio en una relación que
siempre ha sido difícil.
Durante mucho tiempo los gobiernos mexicanos practicaron
jiujitsu y tenían relativo éxito en resistir las presiones norteamericanas.
La pregunta ya ha sido planteada: ¿qué le damos a Estados
Unidos? La mayoría diremos que nada, pero no seamos ingenuos. Es un asunto de
negociaciones pesadas, duras, groseras, porque grosero es el trato.
Pero quizá no haya que dar mucho.
Es cierto, Joaquín, muchos lamentamos aquello de pobre México,
tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.
Pero esa vecindad que tanto lamentó Porfirio Díaz, Joaquín,
muchos países la envidian.
Además, esto de la vecindad con la única superpotencia es algo
que muchos países envidian. Caray, pues cambiemos de táctica.
Sólo hay que recordar aquella historia del hombre que le debía
millones al banco. Algunos amigos le preguntaron que cómo podía dormir con esa
enorme deuda.
El hombre respondió que dormía muy bien, que el que tenía
insomnio era su banquero.
Luego, por qué no dejar de tener insomnio por la migración,
por qué no hacer que sean los norteamericanos los que padezcan insomnio.
Hacerle una pregunta a los Estados Unidos. ¿Con todo su
poderío, cómo contendrían los Estados Unidos el éxodo de millones de mexicanos
que intentarían cruzar la frontera si hubiera un colapso nacional?
Pues, entonces, Joaquín, hay que recordárselos todos los días.
En una de esas, Joaquín, nos va mejor.
|