|
El pasado sábado murió el líder de la Confederación de
Trabajadores de México Leonardo Rodríguez Alcaine.
A su fallecimiento, Joaquín, ha quedado demostrado una vez más
que muchos de quienes estamos en los medios de comunicación y muchos intelectuales
no hemos percibido que el país ya no es el mismo de hace cinco años.
Y tampoco la CTM es lo que fue, porque el sindicalismo
mexicano no es el mismo de hace cinco, diez o quince años.
Por eso, Joaquín, es una broma de mal gusto hablar de sindicalismo
oficial, es una tontería, pues en el gobierno de la República está el Partido
Acción Nacional.
El sindicalismo mexicano se fortaleció gracias al Presidente
Cárdenas, quien así sentó las bases para que los gobiernos civiles tuvieran una
sólida base de poder.
En ciertos momentos de nuestra historia, los líderes de ese
sindicalismo han sido factor para la estabilidad social, pero también para la
política.
Porque ha tenido y tiene muchos defectos el sindicalismo
mexicano, el de la CTM y el de las centrales que presumen de ser
independientes, pero el sentido común y la responsabilidad para con la
estabilidad de la Nación han sido factor determinante para que México supere
años difíciles.
Hasta la misma transición política, la alternancia en el
poder, hubiera sido muy difícil si no hubiera existido sentido de
responsabilidad entre los líderes obreros mexicanos.
Y es una pena, Joaquín, que personajes como Leonardo Rodríguez
Alcaine, al calor de las intolerantes pasiones ideológicas no reciban el
reconocimiento que merecen.
|