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Durante casi dos semanas la información estuvo dominada por el
escándalo que provocaron algunas legisladoras que cuestionaron los gastos
hechos para vestuario por la señora Marta Sahagún de Fox.
Una polémica que conforme avanzaron los días adquirió una
ferocidad que es apenas un atisbo de lo que vendrá.
Se multiplicaron las críticas, desde las más agrias, hasta las
más groseras.
Tal dimensión adquirió la polémica, Enrique, que la semana
pasada la señora Fox tuvo que recorrer varios espacios informativos para
exponer sus razones.
Con o sin razón legal, la polémica de alguna manera forzó a la
esposa del Presidente a donar un lote de vestidos a la Asociación de Niños con
Cáncer.
Como era de esperarse, el anuncio de que esos vestidos serían
subastados para recaudar fondos para la ayuda de niños con cáncer, atrajo la
atención de los medios.
Nos enteramos esta mañana que la subasta fue un fracaso. Fue
tan poco lo que se recaudó que tuvo que cancelarse.
¡Qué lástima, Enrique! El escándalo fue de tal magnitud que
los presuntos compradores del lote de vestidos de la señora Fox se abstuvieron
de asistir. No quisieron ser el centro de atención de los medios.
El hecho es que muchas quimioterapias no podrán aplicarse a
los niños con cáncer, porque no se recaudó el suficiente dinero. Esa, Enrique,
esa es la tragedia.
Esos son los efectos colaterales de los escándalos políticos.
Como en las guerras, siempre hay inocentes que pagan el costo
del escándalo.
En este caso, lo pagaron los niños con cáncer.
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