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En la frontera, a pesar de los esfuerzos más recientes de las
autoridades, Joaquín, prevalece una lenta, pero sistemática, descomposición
social.
Está, por ejemplo, el caso de los 43 secuestrados en Nuevo
Laredo, más que secuestrados, prisioneros de uno de los grupos de
narcotraficantes que se disputan el control de la plaza.
Es inaceptable que una organización criminal pueda operar con
tal impunidad.
Otro caso. Recientemente, en una población cercana a ciudad
Juárez, un salvaje individuo atacó sexualmente a un niño de 13 años y lo dejó
por muerto. El salvaje individuo resultó ser miembro de una de las bandas de
narcotraficantes que operan en la frontera. Hasta ahijado de alguno de los
capos. Y está a punto de ser liberado, porque según el Tribunal Superior de
Justicia del Estado, se omitió una diligencia durante el proceso que le había
condenado a 14 años de cárcel.
Los reporteros que publicaron algo han sido amenazados de
muerte. A uno ya le quemaron su auto, como advertencia.
Los criminales operan con impunidad, Joaquín. Y las sociedades
están indefensas.
Ya se anunció que llegará a México la relatora de los
derechos humanos de la ONU. Y esta señora ha advertido que la lucha contra la
violencia del narco no debe ser razón para que se violen los derechos humanos,
claro, los de los criminales, por supuesto. Gran angustia por los derechos de
los asesinos.
Y uno se pregunta, ¿y los derechos de las víctimas y de la
sociedad amenazada?
Caray, Joaquín, ¿en qué planeta viven estas personas?
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