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La carrera por la Presidencia está en su apogeo. Falta
únicamente conocer oficialmente cuáles candidatos aparecerán en las boletas del
2 de julio de 2006.
Ayer, en Moscú, al grito de ¡fuera máscaras!, el Presidente
Fox dijo que será un protagonista activo en las elecciones presidenciales.
Quizá llegó el momento de que no sólo el Presidente de la
República, sino que todos los funcionarios electos hagan abiertamente campaña
por los candidatos de sus respectivos partidos.
Es curioso que el PAN, el partido que tanto criticó la falta
de equidad en las elecciones, ahora apoye la injerencia directa y oficial del
Presidente de la República en las campañas electorales.
Así ocurre en todas las democracias consolidadas, dijo el
Presidente Fox.
Tiene razón. Pero es innegable que sigue el ejemplo de la
democracia más cercana: la de Estados Unidos.
Y allá, Joaquín, muchas de las actividades electorales del
Presidente son pagadas con dinero de los partidos y las campañas, no con dinero
del gobierno.
Esa es la línea que puede romper el Presidente Fox.
Más que una línea, podría romper con la ley electoral, la cual
prohíbe a los funcionarios utilizar recursos públicos para hacer campaña.
Si esa parte de la ley no cambia, Joaquín, el Presidente corre
el riesgo de violar la ley.
Y de convertir a las elecciones presidenciales en un verdadero
lío legal.
Un lío de tales dimensiones que hasta podría llevarnos a una
anulación.
Y no creo que México esté preparado para un problema de ese
tamaño.
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