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Como si no hubiera suficientes problemas, Joaquín, ahora sale
el subcomandante Marcos con que el EZLN está en alerta roja.
Ha convocado a los milicianos del EZLN, manda a la
clandestinidad a las juntas de buen gobierno, y pide la salida de las ONG, por
su propia seguridad.
Es un lenguaje espectacular, casi como si estuviera el EZLN a
punto de declarar otra vez la guerra al Estado Mexicano.
Y es curioso que lo haga, Joaquín, cuando el Ejército ha
destruido plantíos de marihuana en la zona de influencia zapatita.
Quizá se trata, pues, de aislar aún más la región de los Altos
de Chiapas.
Saben el tal Marcos y sus seguidores que un levantamiento
armado no tendría oportunidad, vigilada como está la zona por el Ejército.
Pero apuestan a que el gobierno del Presidente Fox no hará
nada, porque no se atreverán a desafiar el escándalo que armarían las ONG
simpatizantes de los zapatistas.
Por eso el gobierno no controla una porción del territorio de
Chiapas, todo para no hacer olas. A esa inmovilidad del gobierno se atiene el
tal Marcos.
Quizá se trata de montar una rebelión de opereta,
escenográfica, de utilería, para que los aliados del EZLN en el DF construyan
la leyenda de que habrá una rebelión indígena, como en Bolivia. Y así
convertirse en actores de la política electoral en 2006.
La realidad, Joaquín, es que esa rebelión será, como todo en
el EZLN, sólo escenográfica, de papel.
O de estambre, como la máscara del tal Marcos.
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